EL ESPECTRO DEL REVISIONISMO HISTÓRICO

Imagen de jrvillanuevah
Villanueva Herrero, José Ramón

Las recientes declaraciones del dirigente de Vox Javier Ortega Smith vejatorias contra la memoria de “Las 13 rosas”, llenas de perverso cinismo, son un ejemplo más de esa extrema derecha arrogante que agita con descaro el espectro del revisionismo histórico para ofrecernos una visión sesgada y falsa de nuestra historia.

El revisionismo histórico, siempre vinculado a posiciones políticas de la ultraderecha, se inició en la Europa de posguerra y se caracteriza por una visión exculpatoria de la que supuso el nazismo, así como por minimizar la magnitud criminal del Holocausto, cuya misma existencia llega incluso a poner en cuestión: recordemos, por ejemplo, cuando hace unos años Jean Marie Le Pen aludió a las cámaras de gas como una “anécdota” de la II Guerra Mundial sin mayor importancia.  

En el caso de España, el revisionismo histórico, como señalaba Jordi García Soler, se caracteriza por una abierta reivindicación del franquismo. De este modo, algunos historiadores, o mejor sería decir pseudohistoriadores, pretenden presentar al franquismo como un régimen autoritario, que no dictatorial, ocultando así el carácter fascista del mismo, un maquillaje intencionado de la dictadura mediante el cual ocultar los lados más negros, perversos y represivos del franquismo en la línea de los planteamientos expuestos en su día por el sociólogo Juan Linz. En este sentido, esta imagen “dulcificada” del régimen enlazaría con la idea de “apacible placidez” con la que se refería al franquismo Jaime Mayor Oreja, o la tan aireada “paz de Franco” de la que sienten nostalgia los sectores de la ultraderecha emergente de Vox o los contenidos de la página web de la Fundación Nacional Francisco Franco, tan contrarios a los valores democráticos y constitucionales.

Otra de las ideas motrices del revisionismo militante y combativo es la de la visceral descalificación de lo que supuso la lucha antifranquista llevada a cabo desde posiciones políticas progresistas y de izquierdas. Y no sólo eso, sino que desde este revisionismo del que repetidamente han hecho gala, entre otros,  Pío Moa, César Vidal o Ricardo de la Cierva, pretende, además, cargar la responsabilidad de la Guerra de España de 1936-1939 no en quienes fueron sus inductores, los rebeldes golpistas, sino quienes fueron leales a la República, de ahí su empeño en considerar el inicio de la contienda en octubre de 1934, y no en el golpe militar de julio de 1936 auspiciado por militares felones contra la legalidad constitucional de la II República. Obviamente, el tema de la implacable represión franquista,  el régimen de terror instaurado por los rebeldes y que se prolongaría no sólo durante la guerra sino durante las cuatro largas décadas de la dictadura,  no figura en las páginas y en las prioridades de los revisionistas y, cuando lo hace, se alude a ella de forma tan hiriente como ofensiva: Ortega Smith declaró el 12 de abril pasado en Collado de Segura (Alicante) que los fusilamientos a que fueron sometidos los antifranquistas se realizaron “con amor”, mientras que el general retirado Manuel Fernández-Monzón se refirió a que el régimen condenó a muerte “a aquellos que se lo merecían”, minimizando tanto el volumen de las víctimas que  cuantificó “en no más de 3.000”,  Sin comentarios.

En consecuencia, el revisionismo histórico hispano se basa no sólo en la aludida descalificación global del antifranquismo progresista y de izquierdas, sino, también en esa imagen dulcificada del franquismo, en una banalización de la dictadura de claro signo ideológico, a la vez que obvia cualquier crítica a los sectores políticos, económicos, culturales, religiosos o sociales que dieron apoyo a la dictadura o que, como mínimo, fueron muy complacientes con el régimen y del cual se beneficiaron.

En este sentido, el resurgir de este revisionismo histórico en España es, en cierta medida, consecuencia de un grave error de nuestra democracia ya que, la tan excesivamente alabada y casi sacralizada Transición de la dictadura a la democracia, se basó en una amnistía política y en un ejercicio colectivo de desmemoria y amnesia ya que, pese a haber muerto el dictador, mucho de lo que política y sociológicamente supuso la larga dictadura franquista siguió latente, y lo sigue estando, en nuestra democracia y ello explica la arrogancia de este revisionismo filofranquista, el cual entraña, además,  un grave riesgo de intoxicación ideológica y de ahí el papel que estos temas están cobrando, tras la irrupción de Vox, en el tablero político español, o como está quedando patente por las campañas tendentes a impedir la exhumación del general Franco del Valle de los Caídos, toda una provocación para nuestra democracia y para el correcto cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica.

Este es el panorama que pretenden presentar los revisionistas y sus entusiastas partidarios de la ultraderecha, aficionados últimamente al empleo de un lenguaje cada vez más bronco y ofensivo. Y es que este revisionismo histórico, demostrada su nula voluntad para plantear un enfoque crítico, honesto y veraz de la historia, nos ofrece a cambio una visión tendenciosa y sectaria de la misma, en la línea de lo que el historiador Alberto Reig Tapia calificaba, con acierto y de forma despectiva, como “historietografía”, un espectro perverso que, como demócratas, debemos siempre rechazar.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 14 octubre 2019)

 

 

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • La alusión a Charles Dickens y Franz Kafka aparece en el libro de Sara Mesa, Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático de agosto de 2019.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Se ha generado gran polémica por movimiento iconoclasta surgido globalmente tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis. En todas partes, los movimientos antirracistas han cuestionado el pasado al atacar monumentos que simbolizan el legado de la esclavitud y el racismo: el general confederado Robert E. Lee en Virginia; Theodore Roosevelt en Nueva York; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; Cristóbal Colón en Boston y Virginia; y el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol.

  • Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: “Soy de izquierdas”. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante, la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.

  • Se ha convertido en actualidad política la reforma constitucional. Soy escéptico sobre la posibilidad de que se lleve a cabo. Si se produce será de poco calado por las reticencias del PP y C’s. La Constitución actual, que más del 60% de la ciudadanía española no pudo votar en el referéndum de 1978, se ha quedado anquilosada e inservible para abordar los nuevos y profundos problemas políticos. Por ello, o se reforma la actual en profundidad, lo que podría realizarse a través de unas Cortes ordinarias. O se elabora una nueva, lo que requeriría unas Cortes constituyentes. En ambas opciones finalmente tendría que haber un referéndum. Evidentemente con la actual representación política, si la primera opción es complicada, la segunda es una utopía. Una reforma o un cambio constitucional no deberían considerarse peligro alguno para nuestra democracia. El peligro real sería mantenerla inmutable.

  • La Historia se ha convertido para la clase política en la disciplina más importante en nuestro sistema educativo. Pocas veces ha cobrado tanta importancia. En un mundo que se pretende sin memoria, la Historia ha irrumpido por todos lados.

  • Camilo José Cela ponía en labios de uno de los personajes de su novela Mazurca para dos muertos , dirigiéndose a su esposa en tono coloquial: «España es un hermoso país, Moncha, que salió mal; ya sé que esto no se puede decir, pero, ¡qué quieres!, a los españoles casi no nos quedan ánimos para vivir, los españoles tenemos que hacer enormes esfuerzos y también tenemos que gastar muchas energías para evitar que nos maten los otros españoles». Obviamente, el contexto de nuestra última guerra civil, en que se desarrolla la novela, justificaba la amargura de tales palabras. Duras, pero reales.