DESPLUMAR EL POLLO

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Villanueva Herrero, José Ramón

 

     Resulta significativo que el Informe Anual de Human Rights Watch (HRW) de 2017, que llevaba el título de «El peligroso ascenso del Populismo», ya advertía de los embates que están sufriendo diversos países democráticos por parte de movimientos y partidos marcadamente antiliberales, algunos de los cuales no ocultan sus afinidades con el fascismo, un grave problema que, lejos de decaer, se ha ido agudizando en la actualidad.

      Mussolini, con su habitual bravuconería verbal, decía que, para acumular poder, que es el primer paso para la fascistización de una sociedad, “lo mejor es hacerlo como quien despluma un pollo, pluma por pluma, de manera que cada uno de los graznidos se perciba aislado respecto de los demás y el proceso entero sea tan silencioso como sea posible”. Hoy en día, siguiendo el consejo mussoliniano, determinados partidos pretender el desplume de la democracia, pluma por pluma, para de este modo hacer retroceder el reloj de la historia y arrebatarnos derechos que creíamos consolidados. De este modo, el pollo empieza a ser desplumado cuando algunos gobiernos silencian medios de comunicación, ilegalizan partidos políticos, despojan a una minoría o colectivo social de sus derechos, cuando se desmantelan servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación, cuando se cuestiona la viabilidad del sistema de pensiones como forma de solidaridad intergeneracional, cuando se reducen los derechos laborales, cuando se concede un poder arbitrario y sin control a las fuerzas del orden o cuando, como ocurre en determinados países europeos, también en España, la derecha democrática se escora hacia la ultraderecha, de la cual necesita sus votos y su apoyo y actúa mediatizada por los desplumadores neofascistas,  cuyo mensaje pretenden blanquear, socavando así los valores democráticos y constitucionales.

     No hay que olvidar que el camino que se inicia con medidas autoritarias y que en última instancia desemboca en el fascismo, es gradual, pluma a pluma, pero el objetivo final sigue siendo el mismo: dinamitar la democracia. Por eso, como recordaba acertadamente Madeleine Albright en su interesante y revelador libro Fascismo. Una advertencia (2018), el fascismo suele avanzar en nuestras sociedades “paso a paso en lugar de dar saltos gigantescos”. Y a este desplume, al cual también pretenden dedicarse los “cruzados” de Vox, se suman actitudes tales como el descrédito de la democracia y de los políticos como servidores públicos, el fomento del odio y la división social desde ideas intolerantes, o lo que Albright califica como “la apelación a la grandeza de la nación por parte de personas que sólo parecen tener un sentido retorcido de lo que esto significa”, esto es, la demagógica exaltación visceral de los nacionalismos excluyentes, sean éstos del signo que sean. De este modo, cada paso que da el fascismo en nuestras democracias, cada pluma arrancada, no sólo provoca daños a las personas y a la sociedad en su conjunto, sino que prepara la continuación del desplume. Además, hemos de ser conscientes de que estas medidas antidemocráticas son bien recibidas por una parte de la población en un porcentaje variable según los países y, ahí está, por ejemplo, las insolidarias actitudes de rechazo a la inmigración, tan demagógicamente instrumentalizadas por los partidos xenófobos, lo cual explica el auge electoral de éstos, tal y como ha ocurrido con Alternativa por Alemania (AfD), que la ha convertido en el tercer partido en número de escaños del Reichtag.

     Ejemplos de desplumadores de pollos tenemos varios y los más preocupantes son aquellos que detentan el poder político y que están llevando a sus países a una involución de difícil retorno. Todos ellos, emplean tácticas de desplume comunes, entre ellas, la reforma de sus respectivas constituciones para reforzar y ampliar las atribuciones del Poder Ejecutivo, siempre en detrimento del Poder Legislativo; intentar interferir, cuando no controlar abiertamente, al Poder Judicial mediante el nombramiento de jueces afines; neutralizar los medios de comunicación que les son contrarios, o reformular los planes de estudios introduciendo contenidos ultranacionalistas y excluyentes. Ahí está el caso de Recep Tayip Erdogan, embarcado en un proceso de islamización gradual de Turquía, el cual está socavando los cimientos laicos y democráticos de la República instaurada por Kemal Attaturk. Por lo que al interior de la Unión Europea (UE) respecta, resulta paradigmático el caso de Viktor Orbán en Hungría, “un nacionalista xenófobo y antidemocrático con una cruel política antirrefugiados” como lo define Carol Giacomo y, aunque tal vez se exagerado calificarlo de fascista, lo cierto es que su antieuropeísmo y su radical ultranacionalismo, al igual que ocurre con Fidesz, su partido, hacen que difícilmente resulte homologable con actitudes y posiciones de la derecha democrática. Y algo similar podemos decir de las políticas llevadas a cabo en su momento por Matteo Salvini en Italia o de la involución que está sufriendo Polonia desde que en 2015 ganó las elecciones el Partido Ley y Justicia (PiS).

   Ante semejante panorama, el citado libro de Madeleine Albright nos advierte de que “se está creando un público para los demagogos, que saben unir a los humillados y ofendidos para que viertan su cólera sobre los demás” y ello, ciertamente, resulta una grave amenaza para los valores y las instituciones democráticas.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 6 diciembre 2019)

 

 

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • La alusión a Charles Dickens y Franz Kafka aparece en el libro de Sara Mesa, Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático de agosto de 2019.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Se ha generado gran polémica por movimiento iconoclasta surgido globalmente tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis. En todas partes, los movimientos antirracistas han cuestionado el pasado al atacar monumentos que simbolizan el legado de la esclavitud y el racismo: el general confederado Robert E. Lee en Virginia; Theodore Roosevelt en Nueva York; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; Cristóbal Colón en Boston y Virginia; y el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol.

  • Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: “Soy de izquierdas”. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante, la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.

  • Se ha convertido en actualidad política la reforma constitucional. Soy escéptico sobre la posibilidad de que se lleve a cabo. Si se produce será de poco calado por las reticencias del PP y C’s. La Constitución actual, que más del 60% de la ciudadanía española no pudo votar en el referéndum de 1978, se ha quedado anquilosada e inservible para abordar los nuevos y profundos problemas políticos. Por ello, o se reforma la actual en profundidad, lo que podría realizarse a través de unas Cortes ordinarias. O se elabora una nueva, lo que requeriría unas Cortes constituyentes. En ambas opciones finalmente tendría que haber un referéndum. Evidentemente con la actual representación política, si la primera opción es complicada, la segunda es una utopía. Una reforma o un cambio constitucional no deberían considerarse peligro alguno para nuestra democracia. El peligro real sería mantenerla inmutable.

  • La Historia se ha convertido para la clase política en la disciplina más importante en nuestro sistema educativo. Pocas veces ha cobrado tanta importancia. En un mundo que se pretende sin memoria, la Historia ha irrumpido por todos lados.

  • Camilo José Cela ponía en labios de uno de los personajes de su novela Mazurca para dos muertos , dirigiéndose a su esposa en tono coloquial: «España es un hermoso país, Moncha, que salió mal; ya sé que esto no se puede decir, pero, ¡qué quieres!, a los españoles casi no nos quedan ánimos para vivir, los españoles tenemos que hacer enormes esfuerzos y también tenemos que gastar muchas energías para evitar que nos maten los otros españoles». Obviamente, el contexto de nuestra última guerra civil, en que se desarrolla la novela, justificaba la amargura de tales palabras. Duras, pero reales.