POR EL RITO TRIDENTINO

José Armando Barcelona Bonilla

 

Por los idus de agosto, día arriba, día abajo, casi todos los pueblos de esta tierra nuestra homenajean a su patrona celestial y la sacan en procesión, que si mayo es el mes de las flores, este es el de las vírgenes y hay que cumplir con parroquia. Pero la fiesta siempre se complica, trasciende el recogimiento y la oración, y la feligresía aprovecha el empujón para sacarse el cuerpo de penas a fuerza de charanga, vaquillas, cuchipanda y calimocho, que son tres días y ninguno viene gozoso de serie.

De manera que lo que empieza como una fiesta piadosa, se convierte en un aquelarre pagano, un derroche de etílica devoción, al que, por fortuna, todavía le dan contrapunto algunos guardianes de la fe -guardianas, para más afinar-, como la señora Botella, ex primera dama del imperio y alcaldesa de Madrid, que ha salido estos días en los medios de comunicación, postrada ante la virgen de la Paloma, implorando su bendita intercesión, para que “el trabajo siga en aumento en España”, y uno, que a veces también se hace cruces, pero de lo tramposos y falaces que pueden llegar a ser determinados padres y madres de la patria, uno, reitero, no sabe si la señora de Aznar está pensando en el trabajo honrado, ese que se les niega a millones de españoles, que las están pasando canutas, o la rogativa es más a modo particular y de cara a su posicionamiento personal en unas ya próximas elecciones municipales, tras las que previsiblemente no vaya a continuar en el cargo.

En cualquier caso, eso de poner la administración, ya sea local o del estado, en manos de la divina providencia puede que sea muy socorrido en caso de apuro, que a un hierro al rojo se agarra uno cuando están secas las pilas de todos los timbres, como dice el tango, pero serio, competente y tranquilizador, qué quiere usted que le diga, tampoco parece. Claro que siendo tan obsesiva la compulsión neoliberal padecida por este gobierno ultramontano, tanto su fundamentalismo privatizador y, por qué no decirlo, es tanta su vocación de chupacirios, con perdón, que semejante salida deberíamos haberla visto venir; era cuestión de tiempo y estaba cantado; tarde o temprano terminarían, sancta sancte tractanda, por externalizar el consejo de ministros, dejando la gestión de la cosa pública en manos del santoral.

A quien madruga dios le apoya, dicen, por eso fue sor María Fátima Bañez García, catecúmena de pro, salida de los jesuíticos troqueles del Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas (ICADE), la que llamó a laudes, allá por el verano de 2012, poniendo las cosas del empleo y la seguridad social bajo el manto protector de su excelsa paisana, la marismeña virgen del Rocío: "nos ha hecho un regalo en nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar todos los días de los ciudadanos", dijo la ministra, refiriéndose a la “blanca paloma”, durante un acto oficial celebrado en el ayuntamiento de Almonte; y se quedó tan ancha.

O sea, que según su excelencia ministerial, llevamos dos años largos pasando amarguras, penurias y estrecheces, simplemente porque nos va la marcha, y somos tan descuidados y simplones, que todavía no nos hemos enterado de que gracias a la mariana voluntad -la de la reina de las marismas, quede la cosa bien clara, no vayamos a secularizar el fenómeno-, la crisis ha pasado a la historia, España va bien, la FAES canta y el IBEX35 se levanta. Muerto el perro... Requiem aeternam dona ei Domine. Et lux perpetua luceat ei. Requiescat in pace. Amen.

Pero si dios escribe con renglones torcidos, la caligrafía que se gasta su santa madre es de traca, porque a pesar de lo que dijera el catolicísimo certificado de defunción de la crisis, expedido por doña Fátima, ese año 2012 la cifra de paro alcanzó el 26,2%, mayor que en 2011, que se cerró con un ya insoportable registro del 23,2% y la cosa no ha mejorado, porque se ponga como se ponga la ministra, hoy es la fecha en que el desempleo todavía marca un bochornoso 25,93%, con el agravante de que el 54% de nuestros jóvenes no consigue incorporarse al mercado laboral.

Así, mientras aumenta el número de españoles que tienen que hacer malabares para llegar a fin de mes, descienden de forma brutal las prestaciones sociales y la ayuda a las ciudadanas y ciudadanos en apuros. Según la EPA, 768.800 hogares no perciben ningún tipo de ingreso y la tasa de protección al desempleo solo alcanza el 32,5%, lo que significa que 3.997.656 parados no perciben ningún tipo de ayuda, mientras el resto de “afortunados”, que sí goza de alguna cobertura, ha sufrido un recorte en sus ingresos de un 6%.

La reforma laboral impuesta por la CEOE y bendecida por el gobierno del PP, ha destruido 184.600 empleos. A junio de 2014, solo el 7% de los nuevos contratos firmados fueron indefinidos; los salarios han descendido un 12% de media; los convenios de empresa son una especie en vías de extinción, ya que el 78% ha sobrepasado su periodo de vigencia y está en riesgo de perder la ultractividad, y por si todo esto fuera poco, la patronal, que está muy crecida porque con este gobierno a ellos sí se les ha aparecido la virgen, ya ha presentado una batería de propuestas de cara a una segunda reforma laboral, que pretende simplificar la contratación haciéndola todavía más flexible, rebajar las cotizaciones a la seguridad social, priorizar los convenios de empresa frente a los nacionales o provinciales, “regular” el derecho de huelga y eliminar las actuales restricciones para el uso de las empresas de trabajo temporal (ETT).

De verdad, no es por irreverencia, descreimiento o falta de gratitud, pero casi mejor que la virgen se dé un respiro y deje de velar por nosotros una temporada, o dos, si me apuras, porque su divina intercesión nos está haciendo un pan como unas hostias.

Si los maitines han sido de cilicio y disciplina, qué decir de las vísperas protagonizadas por mosen Jorge Fernández Díaz, miembro supernumerario del Opus Dei, que le pasó el marrón de gestionar las libertades ciudadanas, los derechos fundamentales y la seguridad de los españoles a Teresa de Jesús, una santa muy de clausura, poco risueña y con fama de subirse por las paredes a la menor insinuación.

Como no podía ser de otra manera, funcionó la conexión carmelitana y se ha incrementado notablemente el uso excesivo de la fuerza policial, las identificaciones masivas e injustificadas de manifestantes, los malos tratos a detenidos, las devoluciones en caliente de inmigrantes y la utilización de métodos disuasorios muy peligrosos, que han provocado incidentes trágicos como el de la playa del Tarajal, donde perdieron la vida catorce personas.

Igualmente ha sido significativo el aumento de las multas a manifestantes, la estigmatización de los movimientos sociales y el endurecimiento de la legislación que regula el derecho a la protesta, todo ello recogido en el proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, que recientemente ha sido aprobado por el consejo de ministros; mientras sigue en los fogones, como el dios de santa Teresa, una reforma del código penal, en la que según el catedrático de derecho en la universidad de Málaga, José Luis Díez Ripollés, “Hay atentados a la libertad de expresión, reunión y manifestación”. “Duplicamos la estancia media en prisión de Francia o de Italia, y casi triplicamos la de Alemania”; opinión con la que coincide el también catedrático de la Carlos III, Francisco Javier Álvarez García, que manifiesta: “Sigue la línea de la irracionalidad, del castigo de la pobreza y una opción en contra de los principios esenciales del derecho penal liberal”. “Se trata del Código Penal de la peligrosidad”. “Esto empieza a colocar al sistema democrático un poco al otro lado”.

Con este lamentable panorama y el oscuro horizonte que se vislumbra, no es de extrañar que Amnistía Internacional haya puesto a España en su punto de mira: "Nos preocupa que España se sume a tendencias parecidas a las de países como Turquía, Ucrania o Rusia, donde Amnistía ha denunciado situaciones similares", son manifestaciones de Jezerca Tigani, directora adjunta de la organización en Europa y Asia Central.

Por su parte, y como remate de existencias, el ministro de justicia, Ruíz Gallardón, que no ha necesitado llamar a las puertas del cielo en demanda de ayuda y protección, porque para eso tiene a la conferencia episcopal colgada de la chepa, está empeñado en regalarnos una ley del aborto regresiva, que nos mete en el túnel del tiempo, con destino a un pasado gris que pensábamos definitivamente superado

Pero se ve que a sus excelencias ministeriales, el tufo a incienso les coloca mazo, por eso, a poco que se les empina la coyuntura económico social, alucinan vírgenes, santas, beatas, mártires de la cruzada, ángeles, arcángeles, tronos y dominaciones, con un misticismo que acongoja al más pintado. Aunque lo mismo hacen bien, oiga usted, endilgándole los marrones a la divina y mariana voluntad, que de suyo es muy milagrera, tiene experiencia echando remiendos y siempre ha mostrado una especial predilección por el contribuyente español -mayormente si tiene posibles y es derechas-, porque del brazo secular de ese emérito registrador de la propiedad de Santa Pola que hoy ocupa la Moncloa, del corruptible brazo, digo, del otro Mariano, se puede esperar más bien poco.

Así, “In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen. Introibo ad altare Dei” celebran nuestros prebostes de la cosa pública su particular eucaristía, por el rito tridentino, como dios, la patria y el rey mandan, en latín, para que nadie se entere de qué va la cosa y oficiando de espaldas a la feligresía, porque para ver pensionistas bajo mínimos, parados de larga duración, desahuciados sin techo, infelices cautivos de hipotecas usureras -ojo, que lo ha dicho Francisco-, ahorradores estafados, inmigrantes sin derecho a cocina, grandes dependientes que penden de un hilo, niños sin escuelas, escuelas sin maestros, mujeres bajo sospecha, pobres del mundo que no ven la manera de venirse arriba, esclavos sin pan que no tienen donde ponerse en pie y, en definitiva, gente nada glamurosa, que da barbaridad de grima y hace mucho daño a la marca España, para eso, digo, mejor seguir del revés y a quien dios se la dé, san Pedro se la bendiga.

Pero lo que importa es lo importante, como diría ese gran pensador que es don Mariano Rajoy, y nada hay más incuestionable para este gobierno, que llevar la gestión de nuestro destino patrio por la senda que le marca la santísima trinidad neoliberal, esto es: la iglesia, la banca y el Ibex35, tres poderes distintos, que se metamorfosean en uno solo y se entienden divinamente cuando se trata de sacar tajada, y vaya si la están sacando.

Con un solemne bandeo de sotanas preconciliares, la conferencia episcopal española sigue recuperándole espacios al maligno, toca a rebato y emerge arrolladora de las trincheras, para imponer lo que son sus valores más tradicionalmente irrenunciables: familia, municipio y sindicato, vertical, por supuesto. ¡Todo el mundo al suelo!, que han vuelto y con hambre. Se terminaron las contemplaciones, el fideísmo militante contraataca y expulsa del templo a las satánicas huestes del empirismo científico y la ilustración, porque toda la sabiduría que es recomendable en un obrero, se reduce a las cuatro reglas, el yo pecador y el padre nuestro; con eso y “El mensajero de San Antonio” como lectura piadosa de cabecera, tiene más que suficiente para ser feliz y darse vida. Así que se acabaron los experimentos sociales, la igualdad de oportunidades y la libertad de culto; volvemos al equilibrio moral, al temor de dios, la mujer con mantilla y las escuelas pías. Estamos salvados.

Tampoco les va mal a las otras dos patas del banco trinitario, porque a la chita callando, como mandan los cánones, la banca cuadruplicó sus beneficios el pasado año; los cinco grandes, Santander, BBVA, Caixa Bank, Popular y Sabadell han engordado sus cuentas de resultados en 7.600.000 €, mientras que las empresas del Ibex 35 consiguieron cerrar el ejercicio con una revalorización del 21,4%, la mayor desde 2009.

Con semejante panorama, las sacristías de la derecha carpetovetónica le sacan brillo a los botafumeiros y repican a gloria los campanarios: la recesión es historia, la crisis un mal sueño y san Dividendo bendito, más contento que unas pascuas, reparte generosas bendiciones entre la gente guapa, la de orden, la gente bien de toda la vida, para entendernos, esa que solo acude a las manifestaciones cuando se convocan desde el púlpito a golpe de pastoral, los domingos en misa de doce; al resto de la ciudadanía, la que soporta el peso de la crisis, flirtea con la pobreza y hace equilibrios sobre el alambre de la marginación, sólo le queda el alivio del alimento espiritual, que sale mucho más barato, porque como dijo Séneca, “si vis vacare animo, aut pauper sis oportet, aut paupere similis”, esto es, si quieres cultivar tu espíritu es conveniente ser pobre, o aparentarlo y de eso, oiga usted, vamos sobrados.

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