CINE DE VERDAD

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Cándido Marquesán Millán

El primero, el británico, estrenará en breves días en España la obra, El viento que agita la cebada, que ha obtenido la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes. Es una larga historia que se inicia en los años veinte del siglo pasado con la ocupación británica en Irlanda y termina con la guerra civil irlandesa. El film es el número uno en las pantallas francesas y en Inglaterra todos los cines se han llenado. Ken con sus obras lo que pretende es despertar emociones en el espectador y provocar reacciones en la mente del público. Es un cineasta comprometido, de mirada ácida, que convierte en protagonistas a los perdedores y marginados de las estructuras del poder. Lo que busca es revelar, mostrar la realidad por cruda que sea ésta, y que teniéndola ante nuestras narices por vergüenza o pereza la ignoramos. Y por ende, también rebelarse ante las injusticias, para tratar de conseguir un mundo mejor. Así ha sido siempre su trayectoria. Unas veces, buceó en los conflictos bélicos: en la Guerra Civil Española con Tierra y Libertad; en la revolución sandinista con La canción de Carla; o en el sangriento conflicto bélico de Irlanda del Norte con Agenda oculta. Otras veces, lanza una crítica inmisericorde y despiadada a las injusticias sociales, como las creadas por las políticas neoliberales de la Dama de Hierro, en Riff-Raff, Lloviendo piedras o Ladybird Ladybird.

Ahora con su último film cuestiona dos ideas básicas de la derecha de la Gran Bretaña, la primera de que el imperio británico, se basó en la caridad, al afirmar que se basó en la explotación, la violencia y la opresión. Y la segunda de que el problema irlandés se basa en que existen dos bandos que no saben otra cosa que pelearse, al afirmar, al contrario, que el problema deriva de la colonización británica. Se le acusa de oportunista, de haber concebido el film en el contexto de la Guerra de Irak. Loach y Laverty, el guionista, se defienden argumentando que el proyecto nació hace ocho años., aunque señalan que para ellos fue fascinante comprobar las semejanzas de la retórica del discurso de Churchill y de Bush; la tecnología ha cambiado, pero la psicología de la ocupación es la misma. Las tropas británicas en Irlanda estaban formadas de muchos parados de Glasgow y el primer soldado muerto en Irak era un parado de Glasgow. Paradojas de la Historia. Acaba diciendo que la función de un cineasta es hurgar en la herida que ha cicatrizado mal. No defraudará a sus seguidores. Para los que no lo son, será como una bofetada en la cara.

En cuanto al segundo, Spikee Lee, acaba de presentar en Venecia un largo documental de denuncia, con el subtítulo Un réquiem en cuatro actos, de más de cuatro horas, sobre la destrucción de Nueva Orleáns debido al Katrina. También como Ken siente predisposición por los marginados, en este caso, la raza negra en EEUU. En su amplia cinematografía podemos observarlo: Malcom X, Aulas turbulentas, La marcha de un millón de hombres, Fiebre salvaje…Él mismo lo dice muy claro: He sido bendecido con la oportunidad de expresar el punto de vista de la gente de raza negra que de otro modo no tiene acceso al poder y a los medios. Tengo que coger ventaja de ello mientras todavía me mantengo. ¿Cuál es la diferencia entre las personalidades de Hollywood y la mía? La mía es real.

Lee, habló en la ciudad de los canales, de odio, de rabia, de estafa y de vergüenza, acusando a la Administración Bush de inmovilidad y de incompetencia. Ha usado de todo el material que ha podido- filmaciones caseras, fotos, entrevistas, grabaciones propias y material de televisión- sobre la inundación de Nueva Orleáns, de hace un año. Ha pretendido reflejar la desesperación, con familias sin casa, despojos humanos corrompidos flotando por las calles, desgobierno, caos y destrucción-, que sobrevino tras la inundación del centro histórico de la ciudad por el Katrina. Se produjeron unas imágenes impensables en el país más poderoso del mundo. El documental lleva el nombre de When the levees broke, en referencia a la ruptura de los diques que debían proteger la ciudad del tempestuoso Misisipí. Lee ha dicho con contundencia: Que nadie se engañe, Nueva Orleáns fue destruida por la ruptura de los diques y no por el paso de un huracán. Muestra muy claro que la responsabilidad es de la política de Bush, ya que gracias a los recortes presupuestarios, la baja de impuestos y el incremento del presupuesto militar, no se pudieron dedicar partidas presupuestarias al mantenimiento de los diques de contención. Hacía tiempo que se había dicho que existían dos posibles peligros: el derrumbe de los diques y las dificultades de una evacuación. La profecía se cumplió lamentablemente.

Sean bienvenidas estas obras, de estos autores comprometidos, que se resisten a que las cosas sigan siempre igual. Nos revelan que debemos rebelarnos. Esto es lo que nos dicen ambos, que no es poco, en los tiempos que corren.

 

 

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