CARENCIAS DEL NACIONALISMO ESPAÑOL

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Cándido Marquesán Millán

Se vende un anticatalanismo primitivo, que no sabemos a dónde nos va a conducir. Sería conveniente que todos nos calmásemos un poco y que hablásemos siguiendo las directrices de la razón y no del corazón. De lo contrario podemos llegar a un camino sin retorno.

Todos esos comentaristas, que vilipendian a los políticos catalanes, por haber aprobado una reforma del Estatut; y que defenestran a Rodríguez Zapatero por aceptar su discusión en el Parlamento español, deberían calmarse y mirar hacia atrás, a nuestro pasado histórico y así ver un ligero rayo de luz en esta maraña tan oscura. Este problema catalán no es nuevo, ya lleva tiempo. Más de cien años. Puede explicarse por diferentes razones históricas.

Muchos en España consideran que la nación española es una realidad incuestionable, ya que es algo natural. Mas hay gentes que no lo tienen  tan claro. Tan legítima es la opinión primera, como la segunda.

Nadie puede imponer la idea de nación a la fuerza, eso es algo que pertenece a los sentimientos más íntimos de cada persona. Uno puede sentirse español, como otro puede sentirse catalán o vasco. Decir esto hoy para algunos es una herejía.

En el siglo XIX, los políticos españoles de la Revolución Liberal establecieron un Estado moderno. Homogeneizaron el país territorialmente, merced a la creación de las circunscripciones provinciales de Javier de Burgos. Lo mismo se hizo a nivel jurídico, llevándose a cabo una ordenación de todo el caótico enjambre de leyes procedentes de la Edad Media. Se racionalizó el propio poder central, con un ejecutivo distribuido en ocho ministerios; un legislativo, constituido en general por dos cámaras, y una organización judicial totalmente nueva. Se creó la Bolsa de Madrid, un sistema fiscal unificado, y se estableció el Banco de España, con el monopolio de emisión de moneda. Se decretó una moneda oficial. En definitiva se modernizó, se uniformizó y se centralizó a grandes rasgos el aparato estatal español. Lo que no consiguió fue nacionalizar a las masas.

El Estado español del siglo XIX no se preocupó de una manera decidida por crear esas escuelas públicas donde habían de "fabricarse españoles", como dice Pierre Vilar. Dejó que dominaran los colegios religiosos, más preocupados por fabricar católicos. En el plan educativo establecido por la Ley de 1857, no se incluyó entre las enseñanzas del nivel elemental una Historia de España, mientras que sí había una "Doctrina Cristiana y Nociones de Historia Sagrada". Y no sólo se despreocuparon de la Historia de España y de los valores cívicos, en beneficio del catecismo y la moral cristina, sino que, cuando la eficacia pedagógica lo exigía, la doctrina se enseñaba en vasco, catalán o gallego, en lugar de en la lengua oficial del Estado. Todo lo contrario ocurrió en la Francia de la Tercera República, donde a través de la enseñanza estatal obligatoria establecida se fabricaron franceses.

Otro instrumento clave para nacionalizar a las masas es el servicio militar universal, así efectivamente lo entendieron en Francia. En España ocurrió todo lo contrario, ya que existían exenciones, y las clases ricas mediante el pago de una cuota se excusaban de este servicio. Si hubiéramos seguido el ejemplo del país vecino, el proceso nacionalizador sobre todas las clases sociales hubiera sido mayor sobre todos los soldados, al romper su aislamiento y hacerles convivir con otras personas a las que empezarían a ver como compatriotas de otras regiones; al practicar un idioma que considerarían común; y al someterles a un baño intenso de retórica sobre la necesidad de posponer el egoísmo personal en pro del bien de la patria. En consecuencia el ejército nunca cumplió en España el papel unificador que tuvo en otros Estados europeos.

A la hora de vertebrar una nación también es importante el mantenimiento de una guerra contra un enemigo exterior. Podríamos poner muchos ejemplos. No obstante, quiero recordar el caso inglés durante la II Guerra Mundial. Se unieron todos sus ciudadanos, como una auténtica piña, cuando la mayoría de sus ciudades eran machacadas por la aviación nazi. En cambio, aquí en España nos matamos los unos con los otros en las Guerras Carlistas decimonónicas o la trágica Guerra Civil. Muchos especialistas en Historia de España afirman que si nuestro país hubiera entrado en la I Guerra Mundial, no hablaríamos de Guerra Civil ni tampoco de problema nacional. Mas la historia debe tratar de explicar lo que ocurrió, no lo que hubiera pasado si no hubiera ocurrido lo que ocurrió.

Además de los instrumentos anteriores para la extensión de los sentimientos nacionales, son muy importantes todo un conjunto de símbolos: banderas, himnos, ceremonias conmemorativas, monumentos, y otros. En Francia lo supieron hacer muy bien. Por ello hoy todos los franceses aceptan sin discusión alguna toda una simbología; su bandera, su himno "La Marsellesa", su fiesta nacional "El 14 de Julio". En España lo debimos hacer muy mal y por ello hoy el panorama es totalmente diferente. El himno nacional actual aprobado en el Estado español, por cierto sin letra, salvo la creada por el ínclito José María Pemán y que hasta hace poco los descendientes de Bartolomé Pérez Casas cobraban derechos de autor, no es aceptado por todos, ya que para los republicanos es el himno de Riego, como pudimos comprobar hace no mucho tiempo en la Copa Davis en Australia, y a muchos catalanes lo que les hace vibrar de verdad son los sones de Els Segadors. La bandera rojigualda tampoco es aceptada por todos, ya que algunos prefieren la tricolor, y para muchos catalanes es la Senyera. En lo que hace referencia a la fiesta nacional, han existido varias: el Dos de Mayo, Santiago Apóstol, o finalmente el 12 de Octubre; y esta última no deja de ser discutida, y para muchos catalanes su fiesta nacional es El 11 de septiembre. Tampoco se dio suficiente impulso a la construcción de monumentos que honrasen los valores, héroes o glorias nacionales. ¿Existe alguno simbólico de la nación española? Yo lo ignoro. Sin embargo, en Cataluña la mayoría conoce la tumba de Rafael Casanova. Esta es realidad, mal que nos pese a los que nos sentimos españoles.

El régimen franquista sí que se preocupó por nacionalizarlas a las masas, por españolizarlas. Muchos padecimos aquella horrenda asignatura de Formación del Espíritu Nacional. Mas esa nacionalización era tan agresiva como grosera; ya que era forzada, brutal y basada en la anulación y aplastamiento de media España. Esa nacionalización se basaba en sublimar todo un conjunto de acontecimientos y personajes: Numancia, Viriato, Recaredo Pelayo, Covadonga, Reconquista, Santiago Matamoros, el Cid, Guzmán el Bueno, los Reyes Católicos, Lepanto, Pavía, el Alcázar, Marcelino, Pan y Vino... No creo sea necesario dar más detalles.

Con la instauración de la democracia, pienso que tampoco, se ha hecho nada o muy poco por nacionalizar, por fabricar españoles. En cambio, con la implantación del Estado de las Autonomías, en muchos lugares de Estado español, lo han tenido muy claro, y lo que se ha hecho desde los poderes públicos, es nacionalizar a las masas, mas no para fabricar españoles. Esta ha sido la realidad. Por lo menos así yo lo veo.

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