ASÍ NOS VEN LOS BUITRES

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Cándido Marquesán Millán

Acabo de leer un libro encomiable El patriota y otros ensayos del inglés Samuel Johnson, compuesto por una serie de artículos escritos entre 1750-60. Todos ellos son de un profundo calado humano, destacando entre ellos, unode título impactante y provocador La visión que el buitre tiene del hombre, motivado por las atrocidades de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en el que pretende denunciar la crueldad humana. Nos relata que un pastor de Bohemia escuchó a una buitre adulta, rodeada de sus polluelos, a quienes instruía en las artes de la vida y les recordaba el sabor de una comida deliciosa, pues con frecuencia les ha ofrecido la carne del hombre. —Cuéntanos —dijeron los jóvenes buitres— dónde se puede encontrar al hombre y cómo puede ser reconocido. -Los buitres- contesta la madre - disfrutamos de su carne con frecuencia, gracias a que la naturaleza, le infundió una extraña ferocidad, que nunca he visto en ningún otro ser que se alimente sobre la tierra. A menudo ocurre que dos manadas de hombres se encuentran, estremecen la tierra con ruidos y llenan el aire de fuego. Cuando escuchéis bullicio y veáis fuego, con destellos por todas partes, acudid al lugar con el más veloz vuelo, pues sin duda los hombres estarán destruyéndose unos a otros. Encontraréis entonces el suelo teñido de sangre y cubierto de cadáveres, muchos de los cuales desmembrados y destrozados para conveniencia de los buitres. —Pero una vez los hombres han matado a su presa —dijeron los pupilos—, ¿por qué no se la comen? Cuando un lobo mata a una oveja, lucha para que los buitres no la toquen hasta que él haya quedado satisfecho. ¿El hombre no es otro tipo de lobo? —El hombre —dijo la madre—es la única bestia que no devora lo que mata, y por ello es un gran benefactor para nuestra especie. —Si los hombres matan a nuestras presas y nos las dejan—dijo uno de los jóvenes— ¿por qué necesitamos esforzarnos tanto? —Porque a veces el hombre—contestó la madre— se queda por un largo tiempo en su guarida. Cuando veáis a muchos hombres acercarse a otros tantos, como una manada de cigüeñas, podéis concluir que están cazando y que pronto os deleitaréis con sangre humana.

El relato es un buen ejemplo del comportamiento humano a lo largo de la historia. La guerra ha sido algo consustancial con su naturaleza y sobre todo con la europea. Según Rafael Poch, en los últimos quinientos años Europa ha ido de una guerra a otra, entre 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815, con un promedio de 60 o 70 años por siglo. Luego hubo algo más de paz hasta 1914, salvo la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa exportó la guerra y el genocidio con el holocausto colonial- imperial: en el Congo de Leopoldo II de Bélgica fueron masacrados sobre 10 millones de sus súbditos africanos. En este periodo de relativa paz interna Europa industrializó la guerra, lo que la convirtió en mucho más destructiva. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron la consecuencia. Como dice Pascal Bruckner en La Tiranía de la penitencia “no hay una sola nación ni al este ni al oeste en este pequeño cabo de Asia, que no tenga que hacer un examen de conciencia y cuya historia no esté llena de cadáveres, de torres de observación, de torturas y de exacciones. Tantas obras sublimes, tantas elevadas metafísicas y delicadas filosofías para acabar en guerras civiles, carnicerías, cámaras de gas, gulags”. De esto sabemos bastante los españoles.

La concesión en el 2012 del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea por «más de seis décadas contribuyendo al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa.», podría conducirnos a una conclusión errónea. Fijémonos en las palabras “en Europa”. Los Estados de la UE pueden armar a todos los países allende de sus fronteras para que se masacren entre sí; o, en otras palabras, la UE puede contribuir «al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa» -que tampoco es cierto, vista la ausencia de justicia social de las políticas neoliberales de la UE-, y hacer todo lo contrario fuera de Europa. No en vano, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), ocho de los veinte países que lideran la exportación mundial de armas en el período de 2007-2011 son de la UE: Alemania, Francia, Reino Unido, España, Holanda, Italia, Suecia y Bélgica. En 2012 el Estado español exportó material de defensa por valor de 1.953 millones de euros y autorizó exportaciones de armas por valor de 7.694 millones de euros, que se realizarán en los próximos años. La UE como bloque geopolítico, es el primer exportador de armas del mundo con más de un 30% del total, seguido por los EE.UU. (30%) y Rusia (24%).

Acaban de firmar más de 50 países, incluida España, el Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas, que pretende evitar la venta de algunas armas a aquellos países donde pueden suponer una vulneración de los derechos humanos o amenazar la paz. Sin embargo, ahora la UE y España, bajo el pretexto de preservar los derechos humanos de la población siria, permitirán la exportación de armamento a los rebeldes que pretenden derrocar el régimen dictatorial de Bachar al Asad. Es un caso flagrante de hipocresía firmar Tratados para preservar los derechos humanos de la población y después enviar armamento a aquellos que los violan.

 

 

Publicado en El Periódico de Aragón 27 de julio de 2013

Cándido Marquesán Millán

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