ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA POLÍTICA

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Cándido Marquesán Millán

Para él, la política es la aplicación más amplia, más profunda, y más completa de las capacidades del espíritu, donde juegan más las dotes del ser humano, tanto las del entendimiento como del carácter. La política, como el arte, como el amor, no es una profesión, es una facultad, que no tiene nada que ver con la elocuencia. Ya que ha habido eminentes políticos que no han dicho jamás esta boca es mía, y que hay ruiseñores y canarios de flauta que ha sido funestos políticos. La facultad política se tiene o no se tiene, y el que no la tenga, inútil será que se disfrace con todos los afeites exteriores del hombre político, y el que la tiene, tarde o temprano es prisionero de ella. Un hombre político tiene que sentir emoción delante de la materia política. La emoción política es el signo de la vocación, y la vocación es el signo de la aptitud. También tiene muchas servidumbres.

El político está siempre al borde del precipicio La política no admite experiencias de laboratorio, no se puede ensayar, es un caudal de realidades incontenibles, no admite ensayo, es irrevocable, es irreversible, no se puede volver a empezar. Los auténticos móviles de la política, los de verdad son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas.

De la composición y combinación de los tres elementos sale determinado el ser de un político. He aquí la emoción política. Con ella el ánimo del político se enardece como el ánimo de un artista al contemplar una concepción bella, y dice: vamos a dirigirnos a esta obra, a mejorar esto, a elevar a este pueblo, y si es posible a engrandecerlo. El problema de la política es el acertar a designar los más aptos, los más dignos, los más capaces. Tarea ardua. De la misma manera nos puede resultar enriquecedora la opinión sobre la política del filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, Max Weber. Tal actividad no se hace solo con la cabeza, no responde sólo a la prudencia, requiere también, tal vez en igual medida, convicción y pasión, un punto de locura razonada y pide para la vocación política una combinación de pasión ardiente y mesurada frialdad. ¿Quién tiene derecho a inscribir su nombre en la rueda de la historia? pregunta Max Weber.

Quien sienta que forma parte de una tradición que le precede y que continuará cuando haya desparecido, quien con la fuerza que da conocer esa tradición quiere agrandarla o corregirla, quien, en suma, tiene plena conciencia que su emoción política no le coloca por encima del resto de sus semejantes. Todo este largo prólogo está motivado por los acontecimientos recientes producidos ante la negativa de Mariano Rajoy a que Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre fueran en la lista de candidatos al Congreso de Diputados por la circunscripción de Madrid. Resulta muy adecuada para juzgar estos hechos la frase emitida por Rodolfo Martín Villa en 2003, cuando Rajoy fue designado como candidato a la Presidencia del Gobierno: Todo el mundo a tierra que vienen los nuestros. ¡Cuántas carreras políticas se echan a perder por no saber esperar! El camino más corto no es siempre el mejor en política, ya que los obstáculos se salvan con rodeos. ¡Qué espectáculo nos han proporcionado los Mariano Rajoy, Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre, Ángel Acebes! ¡Que elenco de cuchilladas!

Tales comportamientos, se miren por donde se miren, son todo un ejemplo de lo que nunca debiera hacerse por parte de aquel que quiera engrandecer el arte de la política. La pretensión de Gallardón, como de la divina Esperanza, de ir en las listas al Congreso, no era para trabajar en beneficio de la ciudadanía, sino el estar bien colocados cara a una posible sucesión al frente del PP, ante la más que posible perspectiva de un fracaso de Rajoy en las elecciones del 9-M. A ninguno de los dos les importó lo más mínimo el dejar en la estacada a todos los ciudadanos madrileños, faltándoles escandalosamente al respeto a todos sus votantes que les habían llevado, hace unos meses a la Alcaldía de la capital de España y la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Por lo que parece, a los dos el poder que tenían les sabía ya a poco. Aspiraban a más. Mandar es un verbo de eterna conjugación. Es la pasión dominante en los hombres… y en las mujeres.

En política resume la suprema aspiración de cuantos la ejercen. Y luego hay políticos sorprendidos de que en todas las encuestas sean ellos, los que aparecen en el escalafón más bajo, en cuanto a valoración por parte de la ciudadanía. Para nuestros personajes resultan muy adecuadas unas citas del Conde de Romanones. Para Esperanza: La ambición no es defecto, sino virtud, cuando existe equilibrio entre ella y el que la siente. Cuando detrás de la ambición sólo se encuentra vulgaridad, resulta grotesca. Y para Alberto: Cuando un hombre abre su corazón para confesar sus desdichas, sus desencantos, sus desesperanzas y su cansancio a quienquiera que fuese, es que se siente perdido. No abras tu corazón a nadie, y mucho menos en política. Hemos comenzado con Azaña y con el mismo vamos a finalizar. Cada vez me sorprendo más por la hondura y calado de su pensamiento político. Como muestra impresionante, pueden servir estas palabras: Mas, con bastante frecuencia hay numerosos políticos cuyos móviles les llevan a la política, entre ellos pueden ser: el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse, el afán de mando, la necesidad de vivir como se pueda y hasta un cierto donjuanismo. Mas, estos móviles no son los auténticos de la verdadera emoción política.

 

Publicado en Extremaduraaldía, 19 de enero de 2008

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