¿ESPAÑA CONTRA CATALUÑA?

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Cándido Marquesán Millán
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Estamos llegando a unos limites que sobrepasan lo razonable en todo lo relacionado con el simposio “España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)”, organizado por el Centro de Historia de Cataluña, dependiente del Departamento de Presidencia de la Generalitat. De entrada, parece claro que entra en la más estricta dinámica democrática, que se pueda organizar por parte de una institución pública o privada un congreso de especialistas de una materia, en este caso de historia, para debatir sobre un tema determinado. No faltaría más. Evidentemente este simposio tiene una intencionalidad política: la de legitimar una colectividad nacional. Aunque su título puede ser cuestionable tiene gran parte de verdad. En numerosas y prolongadas etapas España, mejor el Estado español, ha estado en contra de Cataluña. No creo sea necesario afirmar lo obvio: Decretos de Nueva Planta en 1713, mediante los cuales Cataluña perdió entonces su estructura jurídico-política secular cimentada en las Cortes y en las Constituciones y se impuso un sistema absolutista, centralista y militarizado que eliminó los cauces de participación política; o la persecución del catalanismo en buena parte del siglo XX, asalto al Cu-Cut en 1905, en las dictaduras de Miguel Primo de Rivera (se prohibió hasta la sardana) o de Franco (fusilamiento en 1940 de Companys). Por ello, que partidos políticos, que dan lecciones de democracia, denuncien este simposio ante la fiscalía por incitar al odio, me parece un sin sentido. Y todavía más que la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, haya amenazado que su partido organizará un foro de la verdad, a celebrar en enero o febrero, para explicar "la verdad de la historia de España y de Cataluña”. No deja de ser grotesca una afirmación tan categórica, como si el PP recurriendo a determinados historiadores, probablemente colaboradores de FAES, estos fueran depositarios absolutos de la verdad. En todo caso, las conclusiones a que puedan llegar estos enviados de la divinidad serán tan válidas como las del simposio que ha dado lugar a la polémica. El PP necesita cada vez más de una manera enfermiza del anticatalanismo para sus intereses políticos, ya que le proporciona muchos votos en buena parte del Estado español. Luego que no se sorprendan con la animadversión creciente de muchos catalanes hacia el Estado español.

También me parece cuestionable que la gran mayoría de la historiografía española se haya lanzado en tromba contra el simposio, aunque este hecho ya es crónico. En un periódico de tirada nacional acabamos de ver a algunos conspicuos y egregios catedráticos de historia, emitiendo juicios extemporáneos sobre el nacionalismo catalán. Gabriel Tortella tituló un artículo referido al nacionalismo catalán “Tigre que nunca debió salir de su jaula”. Guillermo Pérez SarriónCataluña y la pasión por la causa”, afirmando que la historia al servicio del nacionalismo, pierde credibilidad. Lo que ha provocado la reacción por parte de Borja Riquer y Joaquín Albareda con otro artículo “Todo vale contra el catalanismo”, lamentando que la idea de encerrar al tigre separatista recuerda a la retórica franquista.

Quien ha hecho el discurso inaugural La represión institucional, política y administrativa ha sido el prestigioso catedrático Josep Fontana, al que el ministro de Asuntos Exteriores Margallo lo ha calificado de pseudohistoriador, dando muestras de un desconocimiento total de la historiografía española. Lo dicho podrá ser discutido pero entra dentro de lo razonable. Según Fontana,la pérdida más grave que sufrió Cataluña en 1714 fue un sistema político construido en 4 siglos y que la encaminaba a una evolución parecida a las seguidas por Holanda o Inglaterra, asociando un proceso gradual de democratización al desarrollo de un sistema capitalista, sin que el proyecto catalán plantease la separación. Necesitaban del resto de España, por ello los defensores de Barcelona en 1714 defendían también la libertad de todos los españoles. De la represión solo se salvó el derecho civil catalán. La obstinación catalana de no dejarse asimilar por los vencedores y su proceso de industrialización, que contrastaba con el agrarismo castellano temeroso de que las fábricas desataran el conflicto social, aumentó la incomprensión entre las dos sociedades, a la que se sumó las diferencias de lengua. Desde la segunda mitad del XVIII las clases dirigentes catalanas se apuntaron a construir solidariamente una nación española. El esfuerzo no funcionó, al topar con la voluntad intolerante de reducirlo a la absorción de una sociedad diferente y con otra cultura. Luego, tras el fracaso del regionalismo y la autonomía de la II República triturada por el franquismo, retornó la esperanza con la Constitución de 1978 y el Estatuto de 1979. Mas el proceso de recentralización actual y una política económica desastrosa agudizaron la necesidad de un cambio profundo. El pacto de 1978-79 ha caducado, ya que todavía se opta por una asimilación, a modo de una provincia, sin que se haya aprendido nada en estos 300 años de desencuentros.

Fontana, intuyendo lo que podía ocurrir, en junio pasado en un artículo “La práctica del Inquisidor”, dijo: lo único que les pedimos a los inquisidores es que dejen que nos expliquemos, y que combatan después nuestros errores con razones, no con condenas anticipadas.

 

Publicado en El Periódico de Aragón 21 de diciembre de 2013

 

Cándido Marquesán

 

Comentarios

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Totalmente de acuerdo, Cándido, están alimentando peligrosamente un cainismo, que en este país, por desgracia, suele arraigar con demasiada facilidad.

Un abrazo.

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